Categoría: Europa

  • Ibiza con encanto: La Hacienda Na Xamena

    Ibiza con encanto: La Hacienda Na Xamena

    En lo más alto de la isla de Ibiza se encuentra la Hacienda Na Xamena, un hotel que ofrece «experiencias únicas» con efecto multiplicador si uno se anima a vivirlas al caer el sol. Cuando vimos en su Web la fotografía de sus Cascadas Suspendidas no nos pudimos resistir y decidimos ir a probarlas.
    Se trata de un Spa al aire libre situado al borde de un acantilado de 200 metros de altura. El circuito consiste en 8 lagunas de agua salada. Recuerdo que estaba muy a gusto pero, a decir verdad, detalles de temperaturas, chorros y demás asuntos relativos al tratamiento, retuve pocos. Estábamos totalmente alucinados con sus espectaculares vistas, así que entramos en devenir rápidamente. A algunos les hace gracia que «entre en devenir», pero no puedo evitarlo, ¡entro! 🙂
    Fotografía extraída de la Web de la Hacienda Na Xamena

     

    Tras el circuito, una ducha y a disfrutar en el restaurante del paquete gastronómico que se haya contratado:
    • 52 euros. Circuito seguido por aperitivo y cocktail de fruta.
    • 73 euros. Circuito seguido de un almuerzo más completo.
    • 84 euros. Circuito y cena lúdica.
    La Hacienda Na Xamena se encuentra junto al Puerto de San Miguel, al norte de la isla. ¡Merece la pena darse el capricho!
    Este es el teléfono de reservas: 971 334 500 

  • Ibiza: 5 playas que no te puedes perder

    Ibiza: 5 playas que no te puedes perder

    ¡Por fin conozco las Pitiusas en su totalidad! El verano pasado disfruté de lo lindo en Formentera -se puede ver aquí, aquí y aquí– y este verano, como no podía ser de otro modo,  he vuelto a darlo todo en Ibiza. He regresado encantada y feliz de una isla que me ha permitido descubrir cientos de tesoros que van más allá de sus mundialmente conocidas noches discotequeras. La isla, tal y como le sucede a Formentera, ha sido especialmente agraciada por la naturaleza: calas paradisíacas aptas para todos los públicos, frondosos bosques y una acústica que me llamó especialmente la atención por estar tan lejos del griterío de otras zonas de playa.
    Siendo tantos los encantos que bordean la isla, hemos hecho un TOP 5 playas imprescindibles para aquellos que van a disfrutar de una corta estancia en este edén.
    Partimos de que el 100% de las playas y calas que visitamos nos parecieron preciosas, muy fotogénicas y susceptibles de pasar una jornada deliciosa en cualquiera de ellas. Con todo, para este ranking hemos hilado fino y nos basamos en los siguientes criterios:
    • Ambiente -cuestión especialmente subjetiva, lo sé, pero nos gustan más aquellas en las que priman los sonidos de las chicharras o de chill out por encima de los que refería en líneas más arriba-.
    • Paisaje -cuanta menos edificación y más pinos, más puntos para el ranking-.
    • Arena y agua ideales para el baño -puntúan menos las de piedras, aun siendo extraordinarias también-.
    • Variedad de chiringuitos -suman puntos las que poseen restaurantes para todos los bolsillos-.
    Antes de comenzar con el ranking, tenemos que agradecer de corazón a Chesca, Santi, Luisa y a los profesionales de Ibiza Travel los sabios consejos que nos dieron. Sin ellos no habríamos disfrutado tanto nuestra estancia en la isla 🙂 ¡Mil gracias!


    Y, ahora sí, vamos a por esa lista:

    5 PLAYAS DE IBIZA 
    QUE NO TE PUEDES PERDER 
    1. Cala Bassa
    En mi opinión esta cala es perfecta. Cumple con creces todos los requisitos: tiene zona de hamacas repartida entre la arena y su pinar, un DJ poniendo una música muy agradable durante todo el día, varios tipos de restaurantes de todos los precios, servicios, microondas de uso libre, un ambiente fantástico y hasta desfiles de moda.
    Hay que decir que parece que es la preferida de muchos famosos, porque los días que la visitamos estaba llena de caras conocidas. Un hecho que explica que todos los camareros de la playa realizaran esas aparatosas puestas en escena, correteando por la arena con sus pinganillos de aquí para allá.
     
    Ofrece la posibilidad de tomar champagne, ensaladas o frutas en las hamacas cama de las que están provistos sus chiringuitos.

    2. Cala Conta

    Es muy agradable, pequeña y encantadora. Tal vez un poco masificada pero, como siempre se dice, por algo será. Su chiringuito, como se aprecia, es ideal.

    3. Cala D´Hort
    Es más rocosa que las anteriores, pero el agua es increíble y el paisaje para acceder a ella es idílico, eso sí, repleto de curvas. Cuenta con varios chiringuitos de precios muy variados.

    4. Playa de Las Salinas

    Aguas cristalinas en un entorno privilegiado, el Parque Natural de Ses Salines, con banda sonora propia, de Chill Out, y con restaurantes más caros que en las anteriores -al menos los que vimos, que no serían todos dadas las enormes dimensiones de la playa-.

    También en ésta abundan los famosos.

    5. Playa de Benirrás

    Ojo los domingos porque «el que entra ya no sale». Bien podría ser este el eslogan de Benirrás, una de las playas más hippies de la isla, famosa por sus bonitos atardeceres y porque los domingos cuenta con la música en directo de algunos virtuosos del Tam tam. El ambiente es fantástico, la verdad.
    Aparte de contar con un chiringuito fabuloso donde degustar zumos ricos y «fresquitos», se venden bollos, cruasanes y mojitos de forma ambulante.
     
    Si uno decide ir el domingo a esta playa, ha de ir con paciencia y sin prisa. El camino que da acceso a ella es estrecho y son cientos los que pretenden salir al mismo tiempo cuando se oculta el sol. La guardia civil corta el tráfico y pasan varias horas hasta que la circulación se normaliza. Así que, la salida puede costar un buen rato.
     
     
    Es aconsejable ir a esta playa varias horas antes del atardecer para no tener que aparcar a kilómetros de la arena.
    Y hasta aquí el ranking, pero hay muchas playas preciosas más: Cala Jondal, Cala Tarida, Cala Moli, El Puerto de San Miguel, Cala Salada,… Es lo que tiene el paraíso, que todo lo que hay en él es digno de ver, de agradecer y de disfrutar.
    ¿Cuáles son vuestras preferidas?
     
    Besos 🙂
    Marta


    Enlaces de interés: Las Salinas, Benirrás, Ibiza travel, el blog de Macarena Gea

  • Londres en dos días: 2ª parte

    Londres en dos días: 2ª parte

    El segundo día en Londres fue igual de intenso que el primero, pero pasado por agua. Así que, antes de relatar lo que dio de sí la jornada, dejo apuntadas algunas opciones óptimas para días con meteorología adversa.
    «Planazos» que, por supuesto, son extrapolables -y casi obligatorios- también para días no lluviosos.
    Estos son los enlaces del British Museum, la Tate Modern y la National Gallery. Claro que hay muchos museos más, pero sólo he visitado estos tres -no en este último viaje- y son fantásticos.
    La National Gallery se encuentra en Trafalgar Square






    Ya que era nuestra última jornada en la ciudad, decidimos darlo todo con un desayuno que nos permitiera recordar la fama de los ingleses hasta nuestra próxima visita a la capital británica. Y lo conseguimos. El restaurante elegido para tal misión fue The Shakespeare -metro Victoria-:
    Fue impresionante, pero nos costó lo nuestro retomar la marcha. No obstante, y aunque no creíamos que fuera posible, ¡lo logramos!, y pudimos llegar caminando hasta el Palacio de Buckingham para ver el cambio de guardia -se pueden ver los horarios aquí-. Una ceremonia en la que sólo los más fuertes sobreviven entre los paraguas, los empujones, la gente alzando sus teléfonos móviles como si no hubiera mañana, etc. Vamos, para mí, un acto prescindible al ir con tan poco tiempo -y también al ir con tiempo, la verdad-.
    Desde el Palacio nos dirigimos caminando hacia la Abadía de Westminster. Tras una gran cola bajo la lluvia, entramos, adquirimos nuestra audioguía gratuita y disfrutamos de esta más que masificada Iglesia gótica.
    A la Abadía se accede  a través de una puerta lateral: la Great North Door. Cuesta 16 libras por persona y no se permite fotografiar ni grabar. Destacan las capillas con sepulcros de afamados monarcas como Eduardo II, Enrique VII, Ricardo II, etc.; el rincón donde descansan los restos de músicos y escritores como Lord Byron, Haendel, Rudyard Kipling o Dickens, entre otros; y también otras celebridades del mundo de la Ciencia como Newton y Darwin.
    Al finalizar la visita, salimos por la puerta principal, la Great West Door, y nos desplazamos en un autobús rumbo a degustar los míticos «Fish & Chips» -abstenerse los no amantes de la fritanga-. Los tomamos en Bear & Staff.
    Después de comer paseamos por la zona hacia Oxford Street -la calle comercial más grande de Londres y del mundo-, e hicimos algo de turismo de shopping hasta Oxford Circus, donde cogimos el metro en dirección al London Eye, el Ojo de Londres.
    Se trata de una imponente noria-mirador que ofrece unas magníficas vistas de la ciudad, especialmente al atardecer.
    Nosotros compramos las entradas por adelantado en su página Web para evitar colas -17 libras por persona-.
    Tras hacernos unas 500 fotos en el London Eye, nos desplazamos en autobús hacia una de nuestras zonas preferidas de la ciudad: Covent Garden, para despedirnos con una estupenda cena en un bar llamado Maxwell´s Bar & Grill, según ellos «famous since 1972».
    Y con este homenaje gastronómico pusimos punto y final a nuestras mini-vacaciones inglesas. Fueron dos días intensos, emocionantes y muy divertidos. Como veis, no nos dio tiempo a asistir a ningún musical. De todos modos, fuimos sin presión, porque ya habíamos visto algunos de ellos en nuestra anterior visita. Si es tu primera vez en Londres estos espectáculos son fundamentales. Cierto es que hoy en día podemos verlos en cualquier lugar del mundo, pero el hecho de que los ingleses y los americanos sean mundialmente famosos en este arte convierte a Londres y Broadway en escenarios especialmente idóneos para disfrutarlos.
    Recomendamos los siguientes musicales:
    1. El rey león.
    2. Los Miserables
    3. El fantasma de la ópera
    4. La sirenita
    5. Mamma mía
    ¡El musical de Los Beatles arranca en Londres en septiembre y tiene una pinta excelente!
    Por cierto, hacerse la misma foto que Los Beatles en la portada de su disco Abbey Road es otro must para recordar en cualquier álbum fotográfico londinense

    ¡¡Besos!! ;D
    Marta

  • Londres en dos días: 1ª parte

    Londres en dos días: 1ª parte

    Una de las cosas que más me seduce de viajar a Londres es que hace que me sienta como en una de esas comedias inglesas que tanto me gustan. Pasear por el Puente de Millenium, por Chelsea o por cualquiera de sus calles me transporta, inevitablemente, a Cuatro bodas y un funeral, a El diario de Bridget Jones o a la mismísima Love Actually. Ignoro el grado de influencia que ejercen sobre mí estas asociaciones, pero lo que es cierto es que ni el frío ni la lluvia son capaces de diluir mi atracción hacia esta ciudad.
    En esta ocasión, nuestra estancia ha sido de tan sólo dos días. Un período aparentemente breve pero que dio muchísimo de sí 😉 Veamos:
    Comenzamos, como no podía ser de otro modo, desayunando. Nosotros siempre, y más en Londres, vivimos con intensidad la siguiente máxima:
    Así que nos bajamos del autobús en un lugar al azar y fuimos a parar a The Botanist, un restaurante fantástico que nos llenó de energía para afrontar la jornada.
    Nos parecieron especiales las tostadas y los huevos revueltos, por no hablar de este sweet cofee 😉
    Ahora sí, con el estómago lleno, estábamos preparados para afrontar lo que nos viniera. Y lo que nos vino en primer lugar fue La Torre de Londres -metro Tower Hill-. 



    La entrada vale 20 libras, salvo que consigáis uno de esos 2×1 estupendos que se ofrecen aquí y aquí.

    Nos llamó mucho la atención el gran trabajo al que deben estar sometidos los trabajadores de la atracción turística que nos ocupa. Si no, mirad el estado de trance en el que se encontraba este entrañable Beefeater.
     
     
    Es de justicia que aclare que fue sólo un breve «pestañeo». Lo justo para que tuviera la fortuna de ser captado por mi objetivo 😉
     
    La idea de conocer el interior de la Torre está bien para una ocasión puntual. Es interesante y está repleta de historia. Aunque en una primera visita a Londres, y para poco tiempo, veo más recomendable conocer otras cosas. Por cierto, hay muchas escaleras que dificultan su accesibilidad si uno no puede subir y bajar fácilmente.

     
    Y junto a la Torre se encuentra el también mítico Puente de Londres. El diluvio con el que lo admiramos nos impidió recrearnos con las fotos pero, de cualquier modo, es todo un espectáculo. 
     
     
    Acto seguido, tras comprar las típicas galletitas de mantequilla Walkers –que no me pueden gustar más-, nos desplazamos en metro hasta la parada de Mansion House. A pocos pasos del metro dimos con esta cervecería que, tras tanto subir y bajar escaleras en La Torre, nos pareció un auténtico oasis.
     



    Sé de algunos que emplearon otras fórmulas, tal vez algo confusas, para pedir una clara como: «Could you give me a beer with lemon?». Y, claro, nunca se la sirvieron ;D 


    Así pues, tras practicar el idioma con las cuestiones señaladas, seguimos hacia el Millenium y nos detuvimos en el emblemático Globe Theatre, una réplica del teatro en el que tantas veces actuó William Shakespeare y donde se estrenaron multitud de sus obras. 



    Por 5 libras por persona pasamos a ver una representación a las 2 de la tarde 😉 Si tenéis oportunidad, ¡entrad! 



    En este singular escenario se rodó la pelicula Shakespeare in love.



    Decidimos comer en un restaurante griego excelente: The real greek, situado justo enfrente del Globe Theatre.  El precio para 6 personas fue de 99 libras.

    Y tras la comida, nos dimos el paseo más deseado por la zona del Puente de Millenium. No sabría explicar qué tiene este entorno que me gusta tanto. Será el ambiente, el equilibrio de cada uno de los elementos que lo componen o que, como decía antes, me recuerda a algunas de mis películas preferidas, pero el hecho es que de esta zona siempre me cuesta marcharme.

    A un lado del puente se encuentra la Tate Modern y el Globe Theatre y, al otro, la Catedral de San Pablo.
    En estos bancos es fácil entrar en devenir, así que recomiendo este rincón por encima de casi todos los demás.

    Y tras el estado de trance que vivimos en el que denomino Paseo de Love Actually, continuamos hacia St . Paul y Covent Garden. Éste último es uno de los distritos más animados de Londres.

    Está repleto de tiendas, restaurantes, bares, gente, espectáculos callejeros y hasta rodajes, como el del anuncio de Trident al que pudimos asistir.

    Y de Covent Garden fuimos caminando hacia Trafalgar Square, donde se ubica la National Gallery y que se construyó para conmemorar la Batalla de Trafalgar. También aquí tuvimos que recrearnos dados los matices que nos dejaron esas nubes tan increíbles.

    Trafalgar Square








    Y después de pasar un agradable rato en esta animada plaza, logramos continuar nuestro paseo hacia Piccadilly Circus, el centro neurálgico de la ciudad.

    En Piccadilly se concentran numerosos teatros, tiendas y pubs, todos ellos bañados por los enormes luminosos de neón que inundan de luz y color cada centímetro de esta zona.

    Justo a la izquierda del gran luminoso hay una calle llena de bares. Nosotros, claro, sucumbimos a los encantos de uno de ellos.



    Después de tomarnos unas pints of lager, fuimos paseando por Whitehall hasta la zona del Big Ben,  Westminster y el London Eye. Aunque los veríamos al día siguiente con más detenimiento, no quisimos dejar de conocer estos símbolos londinenses también de noche.


    Y hasta aquí lo que dio de sí nuestro primer día de turismo en Londres, como decía al principio: muy bien aprovechado.

    Aquí dejo algunos enlaces de interés:

    ¡Espero más recomendaciones y enlaces a vuestros blogs con crónicas de Londres!

    Marta 😀

  • Moverse por Londres

    Moverse por Londres

    Pensaba que exageraban aquellos que afirman que el transporte en Londres es uno de los más caros del mundo, pero no lo hacían. Mis dos visitas a la capital del Reino Unido me han servido para situarla en el número 1 de mi modesto ranking personal. Pero como todo, es cuestión de organizarse y de estudiar las opciones para descubrir cuál es la que más compensa en función de las actividades y del número de pasajeros que integren nuestro equipo viajero.
    Es un transporte tan caro como fabuloso, esa es la verdad.
     
     
     
    Nosotros optamos por EASYBUS. Hay que decir que su página esconde algún tipo de enigma que escapa a nuestro entendimiento, ya que a cada minuto varían sus precios en torno a 8 libras en un mismo billete -van desde 1,99 hasta 9,99-.
    Como estábamos alojados en Chelsea, el recorrido que mejor se ajustaba a nuestras necesidades fue:
    AEROPUERTO LUTON – EARL COURT ROAD
    Los autobuses y furgonetas de EASYBUS se encuentran ubicados justo al salir del Aeropuerto de Luton.  Compramos los billetes con hora fija, pero la empresa ofrece un margen de maniobra en caso de retraso. Así que, aunque perdimos nuestro autobús, no tuvimos ningún problema para subirnos en el siguiente.
    Una vez en Earl Court Road optamos por coger un taxi por 10 libras hasta nuestro apartamento. Elegimos este transporte porque era muy tarde, pero la zona cuenta con muy buenas combinaciones de transporte público.

    Se pueden consultar otros enlaces de interés para planificar este tipo de trayectos:

    • Terravisión, que es otro servicio de autobuses.
    • Contratar un servicio de transporte privado que, aunque sale un pelín más caro, también es más cómodo, ya que no hay que hacer transbordos. El dueño de nuestro apartamento nos recomendó Ba Transfer para hacer esta reserva.
    Al estar alojados en Chelsea, el billete requerido era el de las zonas 1 y 2. Los de tipo sencillo cuestan 4,20 libras. Nosotros optamos por la TRAVELCARD de un día, que contempla dos tipos de tarifas:
    • Travelcard fuera de hora punta: 7 libras.
    • Travelcard en hora punta -entre las 6,30 a.m. y las 9,30 a.m.-: 8,40 libras. Los sábados y domingos no hay hora punta.
    Ambas permiten viajar de manera ilimitada, tanto en metro como en autobús, dentro del horario seleccionado.

    NOTA: De 8 a 11 de la mañana hay tanto tráfico que se optimiza más el tiempo cogiendo el metro, pese a que el paseo panorámico en autobús resulte extraordinario.

    Hay otras tarjetas que, según los días de estancia y las visitas a atracciones previstas, pueden resultar también interesantes:
    Estas son tan sólo algunas de las opciones, pero hay multitud de fórmulas. Si conocéis más, nos encantará recogerlas aquí también.
  • Venecia desde la Isla de San Giorgio Maggiore

    Vistas del Gran Canal desde el Puente de Rialto
    Sólo cuando me decidí a conocer Venecia sin prisas -a diferencia de mis visitas anteriores-, pude explorarla en toda su plenitud y descubrir el amplio espectro de rincones atractivos con los que cuenta y que van más allá de la Plaza de San Marcos, el Palacio Ducal, el Puente de Rialto y de sus bulliciosas callejuelas del centro. Exposiciones, restaurantes auténticos, el Puente de Calatrava, la casa de Tintoretto, las zonas preferidas por los venecianos y, en definitiva, esa gran estructura laberíntica que permite perderse en la historia y en sus místicos canales, hacen de Venecia un lugar muy especial.

    Venecia huele a sal, suena a alegres canciones italianas, es elegante, romántica y desprende la belleza propia de quien sabe envejecer con estilo. Probablemente sea una de las ciudades con más hoteles por metro cuadrado, ya que el sector hostelero es casi el único capaz de afrontar la rehabilitación de fachadas y edificios de más de 500 años. Así que, los venecianos tienden a vivir cada vez más lejos del corazón de la urbe.

    Es fácil que uno se quede atrapado en la zona de San Marcos si apenas cuenta con una o dos jornadas para llenar su retina en la ciudad de los canales. Tan espectacular es esta plaza que el viaje se dará por amortizado tan sólo con pisarla.

    En la Plaza de San Marcos no cabe un alfiler durante el día. Pensaba que eso sólo era posible en Valencia y con una mascletá de por medio.

    Sin embargo, traspasar la frontera más turística de la capital del Véneto conlleva descubrir calles imposibles, fachadas centenarias e islas que permiten apreciar la ciudad desde un punto de vista más atípico.

    ISLA DE SAN GIORGIO MAGGIORE
    Y como en nuestra última visita el factor tiempo estuvo de nuestra parte, nos desplazamos hasta la Isla de San Giorgio Maggiore para contemplar Venecia en todo su esplendor.
    Campanario y Basílica de San Giorgio Maggiore

    Se trata de una isla poco transitada, así que subir a su Campanile no implica hacer cola -a diferencia del Campanile de San Marcos-. Y todo por 3 euros.
    Basílica de San Giorgio Maggiore
    Merece la pena visitar su Basílica, que cuenta con cuadros de Tintoretto, y tomarse el tiempo necesario para empaparse de las magníficas vistas que se proyectan desde este ángulo de la ciudad.

    La línea N de Vaporetto es la que conduce desde San Marcos hasta San Giorgio. Tarda pocos minutos en llegar.

    De todos modos, haya ido a Venecia para mucho o para poco tiempo, hay ciertos planes que me han parecido ineludibles en todas las visitas: 
    En particular, las sensaciones que transmite el paseo en góndola son indescriptibles. Da igual darlo de día,  al atardecer, que en plena noche. En ésta última opción, además, la ciudad se impregna de un halo misterioso fruto del silencio y de la oscuridad que imperan en la mayoría de los canales. Es absolutamente imprescindible 😉

  • Roma: escapada romántica al corazón del Lazio

    Río Tíber a la altura del Castillo de San Angelo

    Estos son, a grandes rasgos, los principales motivos que siempre me llevan a regresar a La Ciudad Eterna. Tantas monedas arrojadas a mi adorada Fontana di Trevi, han hecho que la haya podido descubrir, una y otra vez, de maneras muy diferentes.

    El foro romano

    Reconozco que la primera vez que visité Roma me pareció un poco estresante -tenía 14 años y eso pudo influir-.  La guía de la ciudad es tan gruesa que puede provocar cierta ansiedad la idea de perderse alguna de las fascinantes joyas que guarda.

    Vistas de Roma y de la Plaza de San Pedro desde la cúpula de la Basílica de San Pedro.
    Por mucho que cueste subir, merece la pena el esfuerzo. 

    Roma invita a relajarse junto a sus cientos de fontanas

    HOTELES

    Lo bueno del alojamiento en Roma es que, como todas las zonas son célebres, la ubicación casi siempre es buena. Yo la mayoría de las veces me he hospedado cerca de la Estación de Termini, una zona muy bien comunicada. Con todo, y en la línea de la ciudad, los hoteles de 3 o 4 estrellas suelen ser un tanto vintage -por decirlo de alguna manera-. Todos ellos han pasado desapercibidos para mí excepto uno: el HOTEL FONTANA, ubicado en la misma Plaza de Trevi y con impresionantes vistas a su afamada fuente. 

    Es el edificio naranja de la derecha. Cuesta entre 100 y 150 euros la noche, según las fechas.

    Se encuentra en el que, para mí, es uno de los escenarios más bonitos del mundo. Si bien es cierto, las habitaciones son añejas. Vaya, que me hice una foto con el armario como si del mismísimo Coliseo se tratara. Eso sí, están muy limpias y son acogedoras. 

    Antes de reservar miré las opiniones en Tripadvisor, como siempre lo hago, y casi todas las críticas eran estupendas. Por el contrario, otras destacaban que es una zona ruidosa. Y es cierto, deambulan muchos visitantes. Pero dormir con el sonido del agua de la Fontana de Trevi, a mi juicio, no tiene precio ni armario raído que arruine esa sensación. Es más, ese ruido me pareció una de las principales virtudes del hotel porque, incluso cuando no miraba por la ventana, me sentía contextualizada.

    El restaurante del hotel es muy pequeño, pero cuenta con una artista como cocinera y con unas delicias típicas italianas que son espléndidas. ¡Y con esas vistas!

    RESTAURANTES
    En Roma no hay restaurante malo -al menos yo no he coincidido con ninguno-. Me parece que los romanos tienen algún tipo de don que hace que hasta la última pizza de panadería, de tomar de pie o como sea, esté excelente. No obstante, algunas opciones son más interesantes que otras. Tengo que agradecer a mi guía de Lonely Planet, al auxiliar de vuelo romano de Alitalia y a Viajes El Corte Inglés Roma todas las sugerencias gastronómicas que me permitieron disfrutar todavía más de los manjares italianos:
    Filetti di Baccala
    Largo dei Librari, 88
    Está situado en el centro de Roma y es famoso porque hacen el mejor bacalao de toda la ciudad -por unos 5 euros el filetti-. Se puede degustar en su terraza o tomarlo para llevar mientras se pasea por las animadas calles colindantes.

    Via dei Fienili, 56 –cerca del Foro Romano-
    Restaurante de comida tradicional italiana y romana. Son muy recomendables los fetuccini. En su Web se pueden consultar la carta y sus precios. Pero, en general, la relación calidad-precio está muy bien.

    Via Del Lavatore, 82    

    Se encuentra en una de las calles que conducen a la Fontana de Trevi. Es una vinoteca decorada con estanterías llenas de botellas de vino Chianti, su especialidad. Nos dijeron que el precio por persona era de unos 40 euros, pero lo cierto es que no salimos ni a 15, y eso que cenamos como reyes. Dependerá del vino. Cierran los domingos.



    Ristorante Il Gusto           

    Piazza Augusto Imperatore, 9 
    Local moderno, joven, para amantes de la cocina de autor y creativa. Es un restaurante museo que casi siempre está lleno, así que conviene reservar. Tiene también  pizzería y vinoteca. 
    El precio medio está entre 30 y 60 euros por persona -menos en la pizzería-, según las bebidas que se pidan.

    Via Principe Amedeo, 126
    El famoso Alfredo inventó los fetuccini y, claro, en este restaurante los cocinan de manera espectacular. 
    El precio es similar al anterior.

    Tienen restaurantes por todo el mundo.


    La Terraza del Eden                       
    Via Ludovisi, 49 
    Está en uno de los hoteles más famosos de la ciudad, así que el ambiente es más elegante. Alta cocina, vistas preciosas y una carta que se puede consultar en su propia Web. Me lo recomendaron con mucho ímpetu las chicas de Viajes El Corte Inglés Roma, aunque personalmente no lo visité. Sí pude pasear por la zona, que es ideal, justo encima de Plaza España.

    La Pergola                                  
    Via A.Cadlolo, 101 
    Sus tres estrellas michelín lo dicen todo. También cuenta con una terraza y unas vistas magníficas mientras se disfruta de una cena gourmet. La carta y los precios están detallados en su página. Es un poco más carete.

    Piazza San Calisto, 11
    Comida  italiana fantástica en el corazón del Trastevere -donde aprovecho para decir que hay cientos de restaurantes recomendables que permiten después dar una vueltecita por la zona nocturna más animada de Roma-. La pizza Sorrento me supo a gloria y los postres ni os cuento.

    Pizza Re
    Hay varios:

    •      Via di Ripetta, 14 -cerca de la Plaza del Popolo-
    •      Calle dei Chiavari, 83/84 -cerca de Campo di Fiori y Plaza Navona-

    Es genial, creo que el que más me gustó, y además es muy barato. Aquí fue donde descubrí las pizzas con rúcula, de las que ya no me he podido desenganchar.

    Esta pizza estaba tan suave, tan sabrosa, con esa masa tan fina y tan tierna que me atormenta recordarla
    y hasta poner la foto. Por no hablar del suculento olor que desprendía…




    No me extiendo más, porque de verdad que el 100% de los que restaurantes que he visitado -con o sin recomendación- me han gustado muchísimo. Y qué decir de los de Campo di Fiori, una de mis plazas preferidas; de las cafeterías, que tienen esos capuchinos como no he visto otros igual; las heladerías, que conmigo agotaron todas las existencias de helados de yogur; y de tantos otros tesoros gastronómicos de Roma.

    No dejéis de recomendar vuestro Top Delicias Romanas
    en los comentarios. ¡Saludos!
  • Tacheles: el templo del arte alternativo en Berlín

    Un hombre pinta apasionadamente en una diminuta habitación. Suena música indie, la luz es tenue, los cristales están rotos y hay pinturas esparcidas por todas partes. Una estampa que podría parecer algo caótica, pero en vivo resulta tan atractiva que provoca en quienes topamos con ella la imperiosa necesidad de contemplarla más de cerca. 
    Esta es la esencia de Tacheles, un edificio que comenzó siendo okupa tras la la caída del Muro, pero que hoy se ha convertido en todo un icono artístico en la ciudad. 

    El escenario no puede ser más despampanante: cada centímetro de sus paredes, puertas, suelos y ascensores está impregnado de arte gracias a las huellas, en forma de grafitis y collages, que han ido imprimiendo sus habitantes a lo largo del tiempo. Así que, junto a lo impactante que ya de por sí resulta una estética tan colorista, nos pareció todo un lujo admirar las exposiciones de artistas extraordinarios y poder verles trabajar en directo. 

    Una de mis adquisiciones preferidas en Tacheles fue ésta:

    Es de Tim Roeloffs y me encanta. Incluso Versace sucumbió a su talento e imprimió algunas de sus creaciones en sus vestidos:

    En muchos foros se habla de Tacheles como núcleo de arte alternativo, pero no se si este es el calificativo que más se ajusta a tal espacio. No es arte para el 6%, ni mucho menos. De hecho, los 400.000 visitantes que  recibe cada año no han pasado desapercibidos para instituciones y empresas privadas, que velan por su mantenimiento con subvenciones y patrocinios.

    Pasear por sus escondrijos es una de las excursiones más inspiradoras que se puedan hacer. Durante mi estancia allí sólo pensaba en grafitear y en pegar carteles en mi balcón a modo de collage. Finalmente éste quedó intacto, pero algunos de mis muebles sí han experimentado las técnicas e influencias berlinesas.
    Esta joya artística se encuentra en Oranienburger Straße, 53. Se puede llegar en los metros y tranvías que paran en la misma calle. 



  • Lisboa: amor a primera vista

    Su apariencia un tanto caótica, los colores pastel envejecidos que imprime cada uno de sus rincones, su mítico tranvía y las vistas que ofrecen sus múltiples miradores, nos provocaron un flechazo instantáneo por la capital de Portugal nada más verla. Sin embargo, lo cierto es que llegamos a esta bucólica ciudad con opiniones de todo tipo: desde algunas poco entusiastas hasta las de aquellos que sintieron amor a primera vista cuando la visitaron. A nosotros nos resultó sencillo decantarnos por el segundo grupo.

    Si sus maravillosos atardeceres se acompañan de una Súper Bock, pues mucho mejor. Y es que en verano, con tantos miradores y tanta cuesta, esta cerveza típica portuguesa hace que uno recupere el aliento con más eficacia.

    Vistas de la desembocadura del río Tajo y del Puente 25 de abril.

    Antes del tour, vamos a tratar un asunto vital: el turismo gastronómico. Nosotros viajamos a Lisboa con las recomendaciones de Alexandra Pena, lisboeta y una de mis fotógrafas preferidas. Así que, como era de esperar, no fallamos.

    Si no quieres el aperitivo que te sirven por defecto, pide que te lo retiren sin pudor.
    En la Rua Augusta nos desvalijaron con cuatro aceitunas y un Oporto.
    LOS MIRADORES
    Dado que la ciudad se erige sobre siete colinas, lo más fácil es topar con algún bonito mirador cada cinco minutos. Nosotros llenamos nuestra retina en casi todos. Destacamos, por ejemplo, el miradouro de GraÇa, al que se llega fácilmente en el tranvía 28, el del Castillo de San Jorge -cuya entrada vale 5 euros-, el mirador del Barrio Alto, el de Santa Catalina, San Pedro y el de Santa Lucía -entre otros-.
    En el Castillo de San Jorge pasamos prácticamente una tarde entera.
    Cuando cae el sol la ciudad adquiere nuevos matices.
    Merece la pena contemplarala desde aquí.
    Cola para entrar al Castillo
    Vistas desde el castillo.
    LA BAIXA
    Es el barrio más céntrico de Lisboa y conserva el mismo trazado que en su día concibiera el Marqués Pombal cuando reconstruyó la ciudad tras el terremoto. Alberga un gran número de comercios, hoteles y restaurantes. Bajando por la Avenida da Liberdade, una de sus arterias principales, llegamos a la Plaza de los Restauradores, en cuyo centro se encuentra un obelisco que conmemora a quienes en 1640 se rebelaron contra los españoles. 
    Plaza de los Restauradores
    A pocos metros se encuentra la Plaza del Rossio, el centro neurálgico de la ciudad, donde se ubican los puestos de las floristas que dieron los claveles a los soldados un 25 de abril de 1974, día en que se puso fin a la dictadura salazarista.

    Plaza del Rossio

    Lisboa alberga la estación más antigua de Europa, la del Rossio, ataviada con una recién restaurada fachada neomanuelina.

    Estación del Rossio

    Junto a la estación se encuentra el café Nicola, uno de los más célebres de la ciudad, donde se puede degustar una bica o pastelitos de nata, que recuerdan a los pastéis de Belém –pero son totalmente distintos-, y la Pastelería Suiza.

    Y a unos pasos de la plaza divisamos el Elevador de Santa Justa. Este híbrido de transporte, ascensor, mirador y atracción, no solo permite contemplar Lisboa desde una perspectiva excelente sino que, además, es una buena opción para subir de la Baixa al Chiado.

    Para su construcción se utilizaron técnicas similares a las que en su día empleara Eiffel para levantar su afamada torre parisina. A mediodía comimos por esta zona, concretamente en el restaurante Casa de Alentejo, de comida típica y muy buena.

    Nuestro homenaje en Casa de Alentejo se basó en
     pescados en todas sus variantes.

    La Rua Augusta une el Rossio con la Plaza do Comercio, adyacente a la desembocadura del río Tajo. Por esta plaza pasa el tranvía rojo que llega a Belém.

    BELÉM
    Se trata de un barrio muy representativo, ideal para pasear junto al río, para regocijarse en sus numerosas zonas verdes y, cómo no, para admirar dos de las joyas arquitectónicas más importantes de Portugal: el Monasterio de los Jerónimos y  la Torre de Belem, ambas de estilo manuelino. El primero, diseñado por el arquitecto Diogo de Boitaca, fue encargado por el rey Manuel I de Portugal (1515-1520). Por su parte, la Torre es obra de Francisco de Arruda.
    Ambos, el monasterio y la torre, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad, definido por la UNESCO desde 1983.

    Y si la UNESCO valoró estos tesoros, miles de visitantes admiran y saborean diariamente los deliciosos -me quedo corta con este calificativo- pastéis de Belém, los más famosos de Portugal. Se sirven calientes y están elaborados de hojaldre, crema, y canela espolvoreada en su superficie. En este vídeo se airean sus secretos. Advertencia: el vídeo genera ansiedad.

    También en Belém se encuentra el Monumento a los descubridores, que se construyó en 1960 para conmemorar el quinto centenario de la muerte de Henrique el Navegante.

    EL CHIADO
    Es la zona más comercial, especialmente una de sus calles más transitadas: la Rua Garret. Paseando por ella llegamos al café do Brasil, donde hicimos un alto en nuestro camino para tomar una Súper Bock -no sabe nadie el calor que hacía-.

    Pero lo que más nos gustó de el Chiado fue el Restaurante Sacramento: comida creativa, típica lisboeta, luz tenue, un servicio estupendo y decoración tipo bodega. Nos lo recomendó nuestro amigo Juan Luis y acertó de pleno. Está en el puesto décimo de los 722 restaurantes que recoge Tripadvisor. Cenamos pulpo espectacular y plumas de cerdo con verdura , postre, vino y café. Todo por 23 euros/persona.


    ALFAMA

    Es el único barrio que no se vio gravemente perjudicado por el terremoto que devastó la ciudad en 1755, lo que explica que conserve la esencia de lo que fue durante la época musulmana.

    Está repleto de casas de fado donde cantan estrellas de esta melancólica canción  portuguesa, todo un reclamo para el turismo. El precio de la cena-espectáculo oscila entre los 20 y los 30 euros, aunque los vimos también más caros.

    Alfama se puede comenzar a visitar partiendo del Castillo o desde el citado Mirador de GraÇa. Es famosa por sus calles, encantadoras, coloristas y angostas, que desprenden un fresco aroma a ropa tendida.

    En La Alfama abundan las cuestas empinadas y las vertiginosas escalinatas.
    BARRIO ALTO
    Ambiente nocturno, restaurantes, tiendas, miradores y hoteles constituyen este laberinto situado entre el norte de Baixa y el Chiado, en el corazón de una de las colinas de la ciudad.
    En él no faltan las casas de fados pero, con o sin espectáculo, casi todos los restaurantes tienen una pinta estupenda. Nuestro favorito: el Tapas-bar 28, ubicado en una callejuela preciosa. Tras la cena, una buena opción es tomar una copa en El Pabellón Chinese, el preferido de Tony Blair -según su blog- o en cualquiera de los bares que se llenan hasta la bandera en el barrio.
    Se puede acceder al Barrio Alto mediante el Elevador de Gloria.
    Y hablando de elevadores y transportes, es indispensable viajar en el emblemático tranvía 28. Por más que su madera chirríe, síntoma de su vejez, éste tranvía es toda una institución en Lisboa, especialmente para el turista.

    PARA TENER EN CUENTA:
    • Las recomendaciones de cafés y restaurantes de la revista Viajar para nosotros fueron determinantes.
    • El post de crónicas viajeras, ¡que me encanta!.
    • La entrada sobre Lisboa de Los viajeros es de lo más completa y las fotos son maravillosas.
    • La Expo provocó el nacimiento de cientos de hoteles modernos, fabulosos, con vistas preciosas y a precios excelentes. Nosotros optamos por el Eurostar Das Letras, que a veces sorprende con ofertas de hasta el 50% en sus habitaciones.
    • Disfrutar de las vistas que brinda El Cristo Rey, réplica de El Cristo Redentor de Río de Janeiro.
    Agradeceremos cualquier sugerencia o enlaces a otros blogs,. Somos conscientes de que nos dejamos muchísimas cosas por ver. Por eso pretendemos regresar muy pronto. 

  • Paseos por Berlín I: Río Spree, Barrio Turco y el East Side Gallery

    Pasear por Berlín despierta muchas emociones. En cada fachada, en cada baldosa, se registran páginas y páginas de historia cuyas energías están más presentes que en ninguna otra ciudad en la que haya estado. Estas sensaciones se entremezclan con el aire bohemio, moderno y cosmopolita que derrocha una ciudad en la que el Arte es sin duda uno de sus principales atractivos. Y es que los berlineses tienen un sentido de la estética y del reciclaje que me encanta. Estoy enamorada de sus calles, llenas de colorido; de sus originales collages, que evocan tantas ideas; de sus museos, espectaculares incluso al margen de las obras que albergan; y, en general, de su esencia.
    Que cada esquina imprima ese sinfín de huellas artísticas resulta inspirador, tanto para sus habitantes como para quienes la visitamos. Sólo así se entiende que tantos creativos encuentren en Berlín una sede idónea para expresar su talento.

    Hay tanto que ver en la que es, seguramente, una de las ciudades más interesantes de Europa, que al regresar nos invadía la sensación de que la conocimos muy poco. 

    Aún así, trataremos de recoger lo que hicimos en los cinco días -bien aprovechados- en los que formamos parte de ella. 


    IMPORTANTE: 
    La Metro Welcome Card

    Una tarjeta fabulosa que se compra en el aeropuerto y que está llena de ventajas.  Nosotros la amortizamos sobremanera. No hicimos cola en los museos y creedme, lo del Museo Pérgamo solamente lo había visto en el concierto de Beyonce. Con la tarjeta llegamos hasta la misma entrada, ignorando la tremenda cola así como a quienes la conformaban, con esas miradas arrepentidas que parecían querer decirnos: «Yo también me la debería haber comprado». Pues bien, al llegar, le enseña uno al señor la acreditación y a disfrutar del museo y del «gustico» que da pasar a los sitios tan rápido.
    En la primera jornada dedicamos toda mañana al vuelo, así que llegamos a nuestro hotel, el Check Point Charlie, a la hora de comer. Nuestro alojamiento nos gustó, está en una zona turística, es nuevo, el más moderno de los que hemos visto y muy barato -como todos los hoteles berlineses-. Sin embargo, en nuestra próxima visita a la capital de Alemania trataremos de hospedarnos en la Plaza de Alexander Platz, ya que nos encantó el ambiente nocturno de la zona, mucho más abultado que en las zonas comerciales -la calle Fiedrichstraze es una de las más transitadas durante el día- y de turismo puro.

    RÍO SPREE

    Después de comer en el Restaurante So,  recomendado por Laura, fuimos caminando hacia el barrio turco. También podríamos haber ido en metro hasta la parada Kottbusser Tor U1 o U8, pero pagamos la novatada al pensar que tal vez Berlín no fuera tan gigantesco. Aunque era agosto, a las 3 de la tarde estábamos a unos 25 grados, por lo que el paseo fue encantador. 

    Nuestra primera parada parecía un auténtico oasis: el río Spree. La zona verde del plano estaba llena de gente dibujando, comiendo, leyendo, tomando el sol, charlando, bebiendo cerveza, etc.

    Gente de lo más «variopinta», cisnes, helados a 90 céntimos en Laura y terracitas artísticas. Vaya, el lugar perfecto para reposar la comida, y en el que se inspiraron también multitud de pintores, como dos de mis preferidos: Miguel Barnés y Ricardo Avendaño.

    BARRIO TURCO
    Seguimos paseando hacia el este y llegamos Kreuzberg. Nos integramos entre sus calles, respirando el delicioso aroma de sus apetitosos kebabs y contemplando los comercios típicos del pueblo turco. Un pueblo que llegó a Berlín tras la II Guerra Mundial para proporcionar la mano de obra necesaria para su reconstrucción.  Aquí y aquí hay mucha información sobre esta zona.

    EAST SIDE GALLERY
    A dos paradas de metro del barrio turco, en U1 Warschauer str., comienza el East Side Gallery. Un kilómetro y medio de muro que permanece levantado con impresionantes pinturas y grafitis.  En 1990, 108 artistas fueron invitados a llenar de color los restos de esta gran tapia gris que durante 28 años mantuvo aislada la parte oriental de Berlín. 
    El East Side Gallery es un memorial para la libertad.
    En esta zona nos recreamos. Cuando nos dimos cuenta era de noche. Pero es que mirad que rincones y que atardecer. 

    Justo detrás del muro hay una zona ajardinada, una parte de playa, bares chill out, etc. En esta página hay una lista de bares con mini playa de lo más interesantes.

    En resumen: anduvimos durante horas y sin embargo vimos muy pocas cosas. Con esa sensación estuvimos durante todo el viaje.

    ¿Conocéis Berlín? ¿Qué rutas hicisteis? ¿Qué fue lo que más os gustó?

  • Berlín y sus delicias

    A priori 5 días iban a ser suficientes, pero cuando de una ciudad te gusta y te interesa todo, la cosa se queda un poco corta. También para degustar las delicias de los mil restaurantes a los que nos hubiera gustado ir. Pero bueno, algo pudimos hacer y aquí os dejamos un «top» con los manjares imprescindibles de Berlín:

    Con el nº 1, el CAFE EINSTEIN. ¡Ojo! que hay una franquicia que se llama igual y está en todos los sitios turísticos y esa no es. El verdadero se encuentra a un paso de la Puerta de Brandenburgo, en la Avenida Unter Den Linden, 42. El plato estrella está claro: «Apple Strudel». Lo recomiendan todas las guías y lo entendimos perfectamente. Sencillamente exquisito 😉 

    Con el nº 2, el famoso CURRYWURST. Es salchicha cortada con un buen chorreón de salsa curry, ketchup y vete a saber qué más. Riquísimo. Hay miles de puestos así que es fácil dar con este plato. Y en esta misma línea tenemos que recomendar a unos profesionales que están en la Plaza de Alexander Platz con su carrito de salchichas. Espectacular. Por los ruidos de «Mmmmmmmm» que emitíamos, los de al lado se enteraron bien de que nos encantó. Mirad que pinta:
    Con el nº 3, la rica CERVEZA ALEMANA. Esto es todavía más fácil de encontrar. Algo debe tener cuando la gente bebe cerveza en el metro, en la calle, en los bares, en las tiendas,… Es una cosa que llama la atención. De hecho es más caro beber agua que cerveza. Probamos varias pero hay que ir a un sitio mítico a degustarlas de verdad: el barrio de San Nicolás -cerca del río y al lado de la Plaza Alexander Platz-. Es un barrio lleno de bares típicos alemanes que, en muchos casos, elaboran su propia cerveza. La guía con la que estuvimos por la mañana nos sugirió la cervecería más famosa: BRAUHAUS GEORGBRAU. La cerveza es fabulosa y el sitio mítico, pero sólo en traernos la carta tardaron 20 minutos -se ve que los de este bar tienen otro ritmo-, y otros 40 para traernos la bebida. Lo que tardaron en servir la cena ni os lo contamos. Cierto es que en vacaciones vas sin prisa, pero nos desesperaron un «pelín».
    Con estos tres manjares: cerveza, salchicha y applestrudel, ya podemos decir que hemos estado en Berlín y hemos cumplido. Pero no podemos dejar de subrayar un barrio lleno de restaurantes ideales que nos recomendó Laura (gracias guapa): Prenzlauer Berg. Concretamente en Lychener Str. hay mucho ambiente y un montón de bares con una pinta estupenda. Nosotros cenamos en Frida, un Mexicano sensacional a muy buen precio. Todos estaban hasta arriba. En esa misma calle hay pubs y cocktelerías. Nos recomendaron (cerca de Frida) Wohnzimmer Bar, ambientado en los 60 y situado en Lette Str., 6 (metro U EBERSWALDER STR).
    Hay mil sitios más, el que conozca que los apunte por aquí abajo.
    En resumen, que se come fenomenal a unos precios estupendos así que, ¡a disfrutar del turismo gastronómico berlinés!
  • Formentera: playas y acantilados imposibles

    Poco tienen que envidiar las Islas Baleares a las playas más célebres del planeta. Concretamente las Pitiusas son famosas por su arena blanca y sus pausadas aguas turquesas que hacen que refrescarse en ellas sea como estar en la misma gloria. En Formentera, además, están poco masificadas. Respetan las dunas originales, hay poca urbanización y cuentan con una vegetación que hace que el paisaje sea todavía más bonito. Son 100% paradisiacas.

    Playa de Ses Illetes

    Cada día es importante comprobar la dirección del viento antes de ir a una u otra playa para tener la certeza de que vamos a la más adecuada.

    ELS MITJORNS
    Somos fans de la playa de Els Mitjorns, al sur. A nosotros nos gusta la zona más cercana al Hotel Gerko -por el chiringuito-, o a la altura del Km. 11. Para llegar a ésta última se toma la dirección de Arenales, en la bifurcación hay que escoger la flecha que reza: Flipper&Chiller. Así, tras tomar el sol, se puede aprovechar para tomar algo fresco en  la terraza  Chill Out de este restaurante, propiedad de Nacho Vidal. El atardecer desde allí es impresionante.



    CALÓ DES MORTS
    El acceso no es sencillo. Sobre el km 11 hay que girar a la derecha e ir preguntando. El camino es una odisea de piedras, así que conviene aparcar donde buenamente se pueda e ir andando con cuidadito. Merece la pena.
    Es Caló des Morts

    SES ILLETES
    Es un parque natural y una de las playas más impactantes que hemos visto jamás. Hay más gente haciéndose fotos que dándose un baño. A los coches les cobran 4 euros por pasar. A las motos, 2. Lo mejor es ir a las 10 o las 11 de la mañana para no tener que aparcar demasiado lejos. Vimos una tendencia clara a llevar bocatas en la cesta debido, sobre todo, a que los restaurantes que hay allí son bastante caros.

    Esta playa es ideal para aquellos que visitan la isla para un sólo día. Es la playa más célebre y cercana al Puerto de la Savina y se puede llegar cómodamente en bicicleta.

    Hay servicio de alquiler de tumbonas y sombrillas. 
    CALA SAONA
    Es otra de las calas más afamadas. Allí hay un hotel con muy buena pinta y varios chiringuitos. La carretera para acceder a ésta permite contemplar un bonito paisaje.
    Cala Saona
    CALÓ DE SANT AGUSTÍ
    Nos gusta por sus vistas, por su fácil acceso desde la carretera principal, y porque tiene a un paso el Hostal-Restaurante Rafalet.
    Terraza del Restaurante Rafalet
    CAMÍ DE SA PUJADA
    Gracias a Don Jaime, del Hostal Rafalet, descubrimos este camino milenario que nos condujo hacia las vistas más bonitas de la isla. 
    Abstenerse aquellos que temen a las lagartijas típicas del lugar porque se ven decenas a cada paso. Lo bueno es que son cobardes y en cuanto notan movimiento huyen. Eso sí, son de lo más fotogénico. 
    Para acceder a este camino hay que pasar Es Caló de Sant Agustí. Al llegar a los apartamentos de Los pinos -a pocos metros- aparcamos a la izquierda y nos pusimos a caminar. Doy fe de que es un paseo apto también para los que no somos deportistas ni senderistas. 
    CAP DE BARBARIA
    Faro célebre + carretera peliculera + atardecer en acantilado increíble = ¡fórmula inmejorable!
    Eso sí, por la carretera hay que ir muy despacio y pitando en los cambios de rasante y en las curvas para que el viaje culmine con éxito. La luz es chulísima a partir de las 8 de la tarde. 
    Con semejante feng shui, es sencillo amar cada rincón de la isla. 
    ¡Besos!
    Marta 😀