¿Os imagináis hacer un trayecto tipo Madrid-Albacete o Alicante-Castellón por un euro? ¿No? Yo tampoco. Por eso tuve que viajar hasta los Estados Unidos de América para vivir esta grata experiencia.
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| El autobús que nos llevó por un dólar 😉 |
Nos encontrábamos de vacaciones en Nueva York y la escapada a Washington fue fugaz, de apenas una jornada, pero muy bien aprovechada. He aquí los detalles de la gestión:
CUESTIONES DE SUMA IMPORTANCIA
* La oferta de 1 dólar no está siempre vigente. Acabo de revisar el estado actual de los precios y lo más económico que he visto para esta excursión es de 13 dólares, que también es un precio sensacional. Depende, por tanto, de las fechas y los horarios.
* Hay combinaciones a todas horas. Nosotros apuramos hasta las 11 de la noche, momento en el que, agotados pero felices, regresamos a Nueva York.
* En estos autobuses hace un frío que pela. Al ser julio, el señor conductor, seguramente natural de Alaska, pensó que procedía llevarnos como polletes durante tres horas -iríamos a unos 15º-. Afortunadamente llevábamos la típica chaquetilla que nos permitió sobrevivir a tan duro viaje. Podríais pensar que soy friolera, pero os aseguro que el 100% de los pasajeros llegamos a nuestro destino como chuzos de punta. Eso a pesar de que a mitad del camino de vuelta nos evacuaron. Fue en la boca de un túnel, debido a que se incendió un camión -por suerte sin heridos-. Un hecho que, sustos aparte, percibimos como la oportunidad de bajar de esa nevera en forma de autobús y entrar en calor. La escena, dicho sea de paso, fue un cuadro: la una de la madrugada; todos helados; medio durmiendo; el conductor gritando como si no hubiera mañana: ¡go! ¡go!; nosotros procesando la información y tratando de discernir entre sueño y realidad; sonidos de ambulancias; llamas; bomberos y más bomberos. En fin, una película.
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| Pánico en el túnel. Fotografía realizada por mi amigo Fran, muy intrépido entre las llamas. |
WASHINGTON EN UN DÍA
Cuando llegué a Washington me sentí como si estuviera viendo a la mismísima Madonna, especialmente cuando me expuse ante la grandeza del
National Mall, con ese Capitolio, esa fuente alucinante, el obelisco y el
Monumento a Lincoln. Todos son tan míticos… Pero,
¿qué hacer en apenas doce horas? He aquí el debate suscitado entre las cinco personas que viajamos a la capital de los EE.UU. Tras mucho pensar, votamos. En primer lugar nos desplazamos hasta el Cementerio de Arlington y, a continuación, nos regocijamos en la Explanada Nacional –National Mall-.
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Primero fuimos al cementerio y después recorrimos el National Mall desde el Capitolio hasta Lincoln. Nos transportamos en metro. |
Cementerio de Arlington
Esto es sobre gustos. Personalmente me habría evitado la visita al cementerio en virtud de otros sitios. Aunque no cabe duda de que es un lugar muy interesante y que está cargado de historia. Yo es que no soy muy de» turismo de cementerios», prefiero el turismo vivo, lo reconozco. Con todo, al resto del grupo le encantó.
Así pues, nos desplazamos en metro desde el punto en el que nos dejó el autobús, Union Station. Se puede consultar on line el metro de Washington.
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| Este viaje nos costó 1,60 dólares. |
El
Cementerio de Arlington está situado enfrente del
National Mall de Washington, al otro lado del
Río Potomac, cerca también del
Pentágono. Probablemente sea uno de los más célebres del mundo, ya que ha sido el escenario de un sinfín de películas americanas. La clave de su fama es que alberga los restos de personas que han escrito importantes episodios de la historia de los EE.UU., especialmente veteranos de guerra. A pesar del carácter militar que le fue otorgado durante la
Guerra de Secesión, también fueron enterrados en él algunos presidentes y políticos del país, como por ejemplo
John F. Kennedy.
Uno de los rincones con más tránsito de turistas es el que corresponde a la Tumba del soldado desconocido, lugar en el que se realiza cada hora o media hora -según el mes- un solemne cambio de guardia.
La visita al cementerio es larga -o se me hizo larga-.
National Mall
Nuestro recorrido para disfrutar de la Explanada Nacional fue caminar desde el Capitolio hasta el Monumento a Lincoln, pasando por el Monumento a Washington y La Casa Blanca.
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El Capitolio es el edificio en el que se encuentran las dos cámaras del Congreso de los EE.UU.: la Cámara de Representantes y el Senado |
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Monumento a Washington. Justo debajo del obelisco hay unos bancos de mármol en los que es ideal tumbarse para contemplar el monumento en contrapicado. Espectacular. |
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| La Casa Blanca. Tuvimos que asimilar durante un rato que estábamos delante de la imagen que más veces hemos visto en los telediarios. Somos tan impresionables… |
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| Fue un impacto total contemplar el Monumento a Lincoln |
Para mí, lo mejor del día fue llegar a la zona del Monumento a Lincoln, tumbarnos en el césped, contemplar la explanada y soñar como en su día lo hizo
Martin Luther King. Pero la estampa también invita a recordar decenas de momentos que tuvieron lugar, en la realidad o en la ficción, en este escenario maravilloso. Qué decir del
reencuentro entre Forrest Gump y Jenny… Este me vino a la mente enseguida, ya que hacía tanto calor que nos sentimos tentados a chapotear en la fuente como ellos.
Así que, este es el lugar en el que habría invertido la jornada completa. Es una zona tan espectacular, tan famosa y tan emocionante, que me supo a poco dedicarle sólo 6 horas.
Un consejo final: es recomendable llevar un paraguas a modo de sombrilla, porque el recorrido es largo y en verano se pueden alcanzar los 40 grados tranquilamente. Por otro lado, mi hermana dio este mismo paseo en pleno invierno, a algunos grados bajo cero y, dado que no hay donde meterse, lo suyo es ir bien calentito.